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La razón de mis viajes. Cap 14

    Me desperté de madrugada y sentí como una antorcha de luz en mi pecho. Ya no prendía de él ningún resorte. Era la sensación de que una linterna, como un faro para los navegantes, serviría de referencia a los que se habían perdido. Les cantaría una nana para mecer sus mentes y que con el sueño profundo despertaran a un nuevo amanecer. Sintiendo de nuevo con esa mirada, descansada de tanta oscuridad, que la culpabilidad agotadora y el estrés del circo donde ser el payaso, el títere o el domador domado daría paso a un mundo donde soñar y cumplir los sueños, sería el único avance personal posible.  Como una ola hace con las huellas en la orilla, éstos lo harían con las penas, dando por concluido el puzle del destino de cada cual. Al día siguiente empezaría a preguntar a mis padres, a mi hermano, a mis hijos...cuáles eran sus sueños. En una escala debían estar en un nivel más alto que los deseos, como si a pesar de todo, el sueño te llevara, precisamente, a una vida de ensueño. Estas re
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La razón de mis viajes. Cap 13

      De pronto, me hallaba en una situación inverosímil de la que, por una parte quería salir volando, y por otra, seguir ahí, pausado infinitamente. La luz de mis creencias me iluminaba, sintiendo que estaba en el sitio adecuado, convencido de que la armonía volvería a regir de nuevo la vida.  Había decidido desprenderme de esa soledad y encontrarme con las partes de las que había permanecido tanto tiempo separado y me ayudarían a compartir, de nuevo, mi alegría. Me sentía bendecido con el valor que antes me había faltado. Ya no encontraba ninguna excusa y tampoco necesitaba buscarlas. Armado con mi lanza tallada interrumpí la mirada entre ambos, Ata y Hermes, y al dejarme embriagar por la historia que los unía entendí el por qué de muchas cosas. La única forma en que ella podría arrebatarle el medallón, y que éste conservara todos sus poderes, era hacerlo con la dulzura sin palabras que parecía estaba dispuesta a utilizar. Fue en ese momento cuando sentí que Hermes y yo nos fundimos

La razón de mis viajes. Cap 12

     La única forma de tranquilizarme fue pensar en que era un juego. Como cuando de pequeños mis primos y mi hermano se escondían mientras yo contaba hasta cien y cuando abría los ojos, ni los veía ni los escuchaba. Parecía que la tierra se los había tragado, y sus risas comenzaban a delatarlos. Por otra parte no saber qué hacía ahí, teniendo a mis hijos en el otro lado, me produjo un poco de vértigo. Un sonido, que provenía de no muy lejos, me devolvió a esa semicordura. Volví a centrarme, aunque no me resultó fácil, en el verdadero motivo de encontrarme en ese punto.  Una sensación de no estar sola me inundaba, como si una voz, que era al mismo tiempo la mía, me llamaba a dirigirme hacia algún sitio. Me dejé llevar, prudentemente, intentando no hacer mucho ruido. Hacía más calor que en mi mundo. Pasé cerca de un manzano silvestre y me quedé mirando sus frutos. Al ver que una ardilla mordisqueaba una manzana que había en el suelo, decidí probar también. La limpié con mi jersey antes

La razón de mis viajes. Cap 11

  Durante el trayecto estuvimos hablando poco. Me dio la oportunidad de recordar, como si fuera recogiendo mi hilo de seda, con la paciencia de saber que el control hacía que los sueños se escaparan.  Estuve trabajando como guía  turística. Me permitía conocer sitios increíbles y a muchas personas. Una primavera la maternidad llamó a mi puerta y con ella, una nueva visión de mi vida y de lo que quería hacer porque tenía claro, pese a las vueltas que le di a la cabeza que iba a hacer unos cambios drásticos. Me planteé un nuevo sueño, que quería llevar a la realidad. Todo tiene sus pros y sus contras, pero yo me lancé después de haber hecho un balance. Diana era mi amiga por aquel entonces, también tenía que hacer viajes por motivos laborales y se encontraba en el mismo dilema. Nos empezamos a reunir y fuimos desgranando el proyecto despacio y cada vez más decididas. La experiencia que habíamos adquirido en nuestras respectivas vidas nos estaba ayudando a tener una gran abundancia de ide

La razón de mis viajes. Cap 10

  Cuanto más me acercaba, más iba sintiendo su presencia. Dudando de lo que había pasado entre nosotros. Ata sabía que yo volvería, pero no que mi sentido del deber empuñaría de nuevo mi espada. Habíamos acordado encontrarnos cerca del lago, donde unos árboles eran el refugio de nuestras muestras de cariño y compresión, permitiéndonos sentirnos libres e imaginar esa paz de surcar los cielos para vivir lejos. Ambos sabíamos que las obligaciones de ella producirían una soledad comprensible y esta sensación nos ayudaba, más aún, a abrazar la intensidad del momento. Decidí dejarme fluir para entenderla, perdonarla y despedirme. Darle gracias por haberme permitido ver la profundidad de mis emociones y mi capacidad de ser más humano, a través de sus ojos. Había sido mi maestra y nos diríamos adiós. Tenía que deshacer la oscura confusión de su padre para que todo volviera a ser parecido a lo que conocían, aunque para Ata nunca fuera igual. Absorto en mis pensamientos, sabiendo que en mis mano

La razón de mis viajes. Capítulo 9.

Mi pregunta fue una bendición para Pol. Sus ojos se tornaron, ávidos de información perdida en el tiempo. Habían pasado más de treinta años y una nube de recuerdos nos transportó a aquel catorce de Agosto. Nos dimos las manos, en complicidad. ¡Qué sensación tan maravillosa sentir ese reencuentro! Los recuerdos después del incidente estaban marcados por las emociones y sentimientos de cada uno de los adultos que nos rodearon. Es como si yo hubiera entrado a otra dimensión, mi hermano se hubiera quedado en la pequeña línea que las separaba y toda esa maravilla de información para compartir, hubiera ido perdiendo realidad cuando las muestras de miedo a nuestro alrededor se hicieron eco, en nuestras mentes infantiles, cerrando la puerta mágica que se había abierto. Sin preguntarnos por nuestros sentimientos, dieron por hecho que estábamos asustados. Con el apoyo de Pol, de nuevo, estaba dispuesta a saber qué había ocurrido. Mi aislamiento, motivado poco a poco por los secretos de mis escas

La razón de mis viajes. Capítulo 8.

     Una de las historias más repetidas en las tertulias familiares era cuando me perdí en la playa. Desaparecí de la vista de mis padres. Me había alejado porque mi gorrito se me escapó con el viento y al parecer fui detrás de él. Fueron solo unos minutos, pero a los cuatro años, aunque escuchaban mi versión, no me creían. Poco a poco la fui olvidando, pensando en que tenía una imaginación increíble.  Anteponía las conclusiones de los demás a las mías y eso creó un juicio constante hacia mi falta de valor y empezó a parecerme que el resto del mundo conspiraba contra mí; era la forma que tenía de dejar de ser auténtica.       No fue la única vez que me pasó, pero esa en concreto me provocaba culpabilidad por el mal rato que hice pasar a toda mi familia, y por cómo tanta atención recibida durante ese día y, a partir de ahí, dejó a mi hermano relegado a un segundo plano, creando entre nosotros una relación que se fue tensando y distanciando. Fue él, precisamente, con quien más segura me

La razón de mis viajes. Capítulo 7.

       La paciencia no era una de esas virtudes que definían a Ata. Además, parecía que se había equivocado al nacer en esa época porque no tenía nada que ver con ella.      Algunos de nosotros, en situaciones de urgencia, habíamos tenido que hacer pequeñas incursiones en momentos del futuro para ver qué solución darle a determinados encuentros desagradables con “oscuros” que se habían hecho con mentes de hombres con mucho poder. Y las soluciones a estos enigmas se encontraban, a veces, en otras dimensiones temporales.       Ya sabíamos que el tiempo no era lineal, más bien era un triángulo equilátero cuyos lados estaban representados por el pasado, presente y futuro. Dos bases triangulares distanciadas por unas aristas que se expandían o contraían en función del equilibrio de las fuerzas. El desequilibrio producía una  presión incómoda en ese prisma temporal en el que nos movíamos constantemente. Todos estábamos sometidos a estas leyes universales y los humanos, alienados por los osc

La razón de mis viajes. Capítulo 6.

       El aroma a café y a tostadas me traía muy buenos recuerdos, sobre todo al apetito de vida que siempre había tenido. La ilusión de recuperar esa energía que tanta fuerza y entereza me insuflaba me permitió bajar de un brinco de la cama y, en la cocina, coger a mi madre en brazos; en ese momento, y sin hablar, supo que estaba preparada para seguir adelante. ¡Increíble!. Los olores pueden devolvernos recuerdos, llevarnos y traernos a mil historias. Cada uno de los sentidos nos capacita con más o menos intensidad, pero éste en especial era muy intuitivo para mí.      A grandes rasgos le comenté a mi madre, sabiendo ella los difíciles momentos por los que había pasado, que mi intención al pasar unos días ahí era porque necesitaba ese retiro. Quedaban pocos días para el puente de Diciembre, así que le enviaría un correo a Estela para comentarle mi decisión. Podía hacerme cargo de unas entregas pero había vuelto a confiar en mí, o eso creía. Así que tenía clara mi decisión y aprovechar

La razón de mis viajes. Capítulo 5.

          Ata me contaba cómo le hubiera encantado ser un   pájaro y volar para ver dónde la llevaban el  viento y las ganas de descubrir nuevas tierras. El hecho de que las costumbres de su época no le permitieran tener los mismos privilegios que sus hermanos la indignaba profundamente. Yo intentaba calmar esos enfados repentinos pero me encantaba verla cuando lanzaba piedras al lago, y su habilidad innata para transformarlos en un concurso de distancias. Se sentía extraña. Traía de cabeza a su madre, pero su padre daba gracias todos los días porque, en silencio, sabía que el destino de ella provocaría cambios importantes. Pudiendo hacer temblar, incluso, los pilares que regían las leyes de sus tiempos.  Aun así la instaba a cultivarse como futura esposa. Ata prefería morir antes de contraer matrimonio si eso suponía tener que dejar de ser ella misma.      La conocí cuando me enviaron a saber los motivos por los que los alquimistas de la zona habían dejado de enviar informes. Esos in